Nuestra historia comienza con Gregorio, quien inició su trayectoria profesional trabajando en el sector de la construcción. Durante una jornada laboral en unas obras del barrio, surgió una oportunidad inesperada: el local donde anteriormente se ubicaba una tienda de ropa había quedado disponible. Su jefe le comentó la posibilidad de aprovechar ese espacio y lo puso en contacto con el propietario de la lonja. De esta manera, casi sin haberlo planeado, comenzó todo.

El nombre MIKEL es un guiño a esa etapa y a la persona que le facilitó dar el paso, pero el proyecto siempre ha sido el resultado del esfuerzo y la constancia de Gregorio.
Con trabajo diario, madrugones en el mercado y mucha dedicación, aquel local se convirtió en una frutería cercana y de confianza. Gracias a la buena ubicación y al trato familiar, hoy somos un punto de encuentro para muchas familias del barrio que buscan producto fresco y de calidad.
En Frutería MIKEL creemos en lo sencillo.

Buena fruta, buen trato y cercanía